jueves, 16 de julio de 2009

La Rosa Invisible. El texto.

A los que dan sin que nadie los vea, la invisible rosa





EL PAN

“...ellos contaban las cosas que les habían
acontecido en el camino y cómo
le habían reconocido al partir el pan…”
Lucas 24:35


¿Cómo partía el pan Jesús,
con qué dedos, con qué delicadeza
lo cortaba? ¿Con qué gesto o sonrisa?
¿De qué manera llevaba puesto el manto,
cómo caía el lienzo sobre su mano
mientras cortaba. Con qué dulzura
o rostro imaginaba qué pasaba afuera
mientras partía el pan con sus propias manos?

¿Por qué Él y no otro?

¿Cómo partía su pan entre todos,
con qué dulzura, con qué delicadeza
lo dio todo, con qué gesto, sin quejarse,
llevaba puesto el sufrimiento?
¿Cómo caía el clavo sobre su mano
sabiendo lo que pasaba afuera?
¿Cómo dio sus propias manos y sus pies
y su cabeza, su torso todo, todo su ser
lo dio, sin quedarse con nada?

¿Por qué Él y no otro?




ÉSTE
Te sueño en los muros donde nadie escribe
y Dios ya dibujó tu rostro.
te sueño con las alas de los pájaros
que habitan nuestros atardeceres
y el Universo ya había dado forma a tu figura.

Conozco tu voz entre todas las voces.
Soy esclavo al fin de tus caricias.
Puedo dar fe de la trama de tu piel
entre las sedas más finas de la tierra.

Vengo de la noche y te encuentro, amiga.

“¿Cuál es tu sueño?” – me preguntaste
Y yo te dije: “Éste”.


ENEMIGOS

No tengo enemigos.
Ellos me tienen.

Como una perfecta puñalada
sólo traerán dolor.

No los odiaré.
No me vengaré mañana.
No los acusaré a los hombres,
No les construiré un recuerdo.
No entrarán en mis sueños.
No entrarán en los sueños de mis pequeños.
No habrá nada de ellos en los ojos de mis hijos
Ni en la mirada de mi amada.

No tengo enemigos, ya no importan.

Como en un espejo oblicuo
salieron de mi visión
cuando los estaba pronunciando.




TODO

Todo lo que sucedió fue para que esto sucediese.
(No me limitará el margen de un cuaderno).

Fui salvaje suicida en la mente de los otros,
un saltimbanqui de la angustia
en el banquillo de la muerte.
.
Fui francotirador de las malas palabras,
escritor a la moda,
periodista de ningún amor,
cirujano de la amistad con lo extraño.

Fui injusto, cruel, frío como un bisturí.

Es como sumar 2+2.

Lo grave es que nos quedamos
Con la primera parte de la cuenta.

Y yo no sabía que todo eso sucedió para que tú vinieses.



TORMENTA

Alejandro Korn es un revuelto mar
de abejas gigantes
que zumban y galopan
la oscura miel aérea,
los rostros, los árboles, las casas.

El agua se sacude
en un vaso de paredes invisibles
y la luna parece caer
de su blanco mástil.

Alguien canta un ignorado himno
y mi espíritu está en paz
esta mañana: los niños,
vos, el gato
que hoy goza de buena salud su 5ta. vida.

Nosotros vinimos a este lugar
para vivir estas cosas.



GALILEO

Galileo nació en el tiempo
en que estamos protegidos.

Como una lluvia de abril
canta desde que nace
y bajo su nombre se citan
el amor, la luz y las estrellas.

El telón de los títeres se abre,
hay olor a tuco en nuestra casa.
Tu voz los llama.

Desde tu luna de enero,
niño serás siempre.



Noche. La noche. Una mirada
Cuyo ojo eterno es el centro de su oscuridad.

Noche. La noche ciega.
Música que toca aún
Con sus finos dedos de diamante
El acordeón de gatos que maúllan y cantan.

Videncia. Resplandor de la mano de Dios
En el centro mismo de Su mirada.

Único canto que no muere.




SIERVO

Siervo tuyo soy de tu risa.

Reíte, amor, que de tus labios
yo crezco.




Un rumor de espuelas embriagadas.
Un lejano tambor de sombras.
¿Quién mueve la rienda de esos caballos,
negros caballos robados a las estrellas?

El viento es la catedral de los oficios
de los que mueren de noche. Un gallo
canta y alguien llora
por haber traicionado a la esperanza.

Abierto a las cosechas de la luna
el viento es una larga marcha
de torpes transeúntes de lo infinito.
Ahora puedo mirar más allá de mis propias narices.




MAMÁ (1931-2000)



¡Oh, corazón, recuerda a mi madre!
No te canses de nombrarla pues ella me espera.
Hay un cerro en La Rioja que aún no la conoce,
Y en Córdoba, donde el hambre le enseñó a temer,

los pájaros la recuerdan. ¡Oh, corazón,
no te canses! Ella siempre me preguntaba
cómo está la calle. Y yo le decía
que la calle está ahí, y nosotros vamos.

Yo iré por tu vereda a encontrarte.
¡Oh, corazón, no te canses!




Te he visto morir y nacer mil veces
como una luna que apaga y prende
su cabellera de las sortijas de la noche.
Creo en morir como una cascada
y en nacer. Nazco
de lo que es eterno.

El agua viene siempre montada
a la grupa de aquel caballo. El agua
es una enredadera invisible que trepa
a lo alto de las montañas del mundo.

Te he visto morir, amada, y nacer
como el agua.
Como el brusco descenso de las estrellas
que caen. Y nacer, nazco, yo
de tus manos
y me haces, alfarera,
como a Adán lo hizo el Amo.





SOBREVIVIENTE

Recuerdo el tiempo en que la gente se saludaba.
Éramos personas recordándonos que había amanecido.
Hoy, hoscos rostros esquivan la mirada. Aquellos hombres ya murieron
Y yo soy el cronista resurrecto de un pasado que nadie recuerda.

Yo sí lo recuerdo: el agua tenía gusto a agua
Y se podía escuchar en cualquier calle el canto de los pájaros.
Había niños que eran niños. Hoy los niños están presos
en mármoles oscuros, detrás de nobles escritorios.
Presos sin padres. ¿Quién rompió el círculo?
Mañana alguien dirá que esto es mentira. Por eso lo escribo:
para decir que yo lo recuerdo. Había ángeles.

Yo mismo era un niño. Mi madre cuidaba las begonias
en un patio donde a veces llovía. Mi madre también sonreía a veces
y esto es algo que yo escribo para que se lo recuerde.
¿Quién rompió el noble oficio del carpintero
Y de los maderos sólo hicieron cruces? Paraísos había en mi vereda,
dulces cuerpos oscuros, elevando sus brazos venerables.
¿Quién envenenó el agua, quién la mirada de los hombres, quién
o qué elemento desconocido por la ciencia, enmudeció el saludo?

Dios andaba por todas partes.

Después, vino la guerra.




Una flor entre las hienas,
Una suave flor azul
bajo la luz de un amanecer.
(las Hienas no me reconocerán).

Aunque dure un segundo,
eso quiero ser.




A Santiago Ramírez, abril 14 de 2001


Está muriendo un príncipe,
es decir,
un hombre que siempre quiso
que los otros lo fueran.

No tuvo fama
ni espacios en la crítica
ni fue su nombre mencionado
en los periódicos.
Pero su luz trascendía toda palabra
y donde él iba
su propia luz lo perseguía.

Había encontrado la verdad
y con el mismo entusiasmo
de quien ha encontrado una perla milenaria
a toda costa quiso mostrarla a los demás,
a quienes mayormente ven en ella un guijarro.

“¡Es una perla”-les decía.
¡Miren, es una perla milenaria!”.

Es un príncipe, sí, pero de ningún reino.
Su lugar no era de esta tierra.
Pasó por aquí para decirnos: “Allá”.

Está muriendo un príncipe
Y no caen los mercados,
Ni se proclaman hecatombes políticas;
Sin embargo,
Hoy ha llovido mucho
Y los cielos parecen estremecerse.




Te ruego ,amor, que me gobiernes
como un ancla gobierna al marinero
¿quién necesita a quién?

Te ruego, amor, en definitiva,
Que poco sé, que me detestes
Para que tu amor sea no para mí
Pues ya no existo

Sino para lo que yo soy en realidad
y no conozco.




¿Quién, tú o yo? La aurora,
aquiesciente, crece allá, tan cerca
y ni la roja perla infinita
que deshace su capa celeste

ni la larga lengua del mar, dichosa,
pueden gobernar las suelas
de los zapatos de tu amor.







Presa de nuestro propio ruido,
ladrones de lo que no se ve, criminales sin cuchillo,
silenciosos raptores de la inocencia,
hemos aniquilado lo que podríamos haber sido

y no fue.

Doble máscara de doble risa,
no sabremos cuándo el llanto ha llegado
porque ¡es tanto el duelo de las almas!
¡es tanto el olvido y los fantasmas,
que nadie recuerda sus papeles!

Teatro del miedo, cáscaras
de un banquete
donde nadie comió.



Cúbrete, amor, con la sábana
Que tejió tu cuerpo. Está hecha
Con el oficio del que ama.

Extraña profesión de las auroras.

(Parada detrás de una cornisa
La lluvia ríe desconfiada)

Jamás volverá a aullar el mar
Con su sirena recostada
Y, los caballos de la noche
Que urden los ríos de sangre,
no volverán a piafar
con sus patas ensangrentadas.


Cúbrete, amor con la doble aurora que vimos,
porque tú viste la tuya, sí,
y yo la otra, la que enciende las manzanas,
la que queman los naranjos de la siesta
y no comimos.

El amor a veces abre los caminos.

Allá quedábamos nosotros,
oscuros y hermosos, jóvenes, saludando.











SONETO A CRIS

Una nave entra en aguas del misterio.
Así voy al amor de tu regreso
Para arrastrarte con vientos nuevos
Al ignorado sueño de ser feliz.

La curva vida tiene un camino secreto
Por el que anduve errabundo y maltrecho;
Y al final no fui más que un encuentro
Entre lo que era y lo que nunca fui.

Y ahora soy también una canción
¿Y qué fui? Un duende en la tumba
Del miedo, mezcla de sombras y silencio,

En los umbrales de lo que vuelve,
En el vestigio azogado del espejo
Y en la minuciosa agua del amor.








LUNA
I


Pequeña Buda de manzana,
un rostro de arcilla roja
me ilumina. Canta
una canción vieja y sencilla,
baila una ronda antigua
y se marea en el mar de la tierra.

Ha llegado al planeta
una niña
cuyo oficio es bailar.


II

Baila, hija, baila.
Los pies también saben.







CLARI


Nadie le robará a la hermosa
su rubor. Mira
la vida
con la quietud
de un mago que ya no usa trucos
y su única ilusión
sea
tal vez
ver con qué corazón
engañará a la magia.


Todo lo demás
es risa.

Silenciosa,
busca una respuesta que ya tiene.





Cortar la suficiente leña
para que el fuego arda.

Sentir que, como él,
este amor no se apaga.




Ser otro ser
te enfrenta, guerrero ambicioso,
a un fantasma que tiene
tu propio nombre
(ese nombre, no es, insensato,
el que te han puesto tus padres).

¿No te da miedo, acaso
morir sin saber para qué?







GALILEO

Galileo nació en el tiempo
en que estamos protegidos.

Como una lluvia de abril
canta desde que nace
y bajo su nombre se citan
el amor, la luz y las estrellas.

El telón de los títeres se abre,
hay olor a tuco en nuestra casa.
Tu voz los llama.

Desde tu luna de enero,
niño serás siempre.



LEÓN

Su atracción es más grande
que la de los planetas cuando giran.

A todos da. De todos recibe.
Santifica todo lo que hay.

Un bebé es Dios en casa.







PAPÁ

Viejo edredón donde caigo
Cuando no queda nada.

Era yo
El que caía, ese niño.

Caigo hoy, otra vez,
Cada vez que lo oigo.




LEAN



Capitán de un barco desconocido
su corazón es su único timonel.

Tiene una bandera: “ser libre”

y con su libertad corta
la cara brutal
de los acechadores de los sueños
que se los quieren llevar
a orillas mudas


Su libertad desnuda
la tristeza sucia
de este mundo sin fe.





CANCIÓN PARA QUE JUAN PEDRO SEA FELIZ
Nació ayer. Nace hoy.
Él es un brinco de luz
entre las hojas del otoño.

Se llama Juan Pedro
y su mirada es un camino
entre el amor y mañana.

-¡Mañana! -gritan sus pies
de caramelo. ¡Mañana!
Nadie sabe cuándo empezó su patria,

dónde ha nacido antes,
quién lo acompañó en la partida
¿y esa luz?

¡Un tobogán de nube para Juan Pedro!
Brincará también entre las azucenas.
¿Jugó antes con las estrellas?

Mírenlo: nos aparta
de lo que nos aparta.
Une lo que nos une.

Juan Pedro se llama
¿Cómo se llamaba?
El amor es una alta

llamarada que nos consume.
Leños somos. Y queda el fuego.

Hoguera para quemar la turba
Que nos quemaba. Todos los niños
ofician de colmenas invisibles.

¿gustamos de esa miel?
Abejas que danzan
En ese invisible jardín.

Oh, de los que creen sin ver!
Miel para aclarar los ojos.
Receta: los ciegos andan.






Juan Pedro se llama
¿Cómo se llamaba?
Los niños sujetan la luz,

el candelabro, la rosa
invisible de ese jardín
sin abejas.

¡Ha dado diez pasos ayer!
Dará mil pasos mañana,
Mil pasos lo llevarán de esta casa.

Mil pasos lo traerán
Y se conservará la luz.
nos seguirá. Lo seguiremos.

El sabe que nos ha encontrado
¿Él sabe que nos ha encontrado?
¿Yo sé? ¿Vos sabés? ¿Sabemos nosotros?

Una soga para que Juan Pedro salte.
Una hamaca para que Juan Pedro ría.
Un nido de hornero para que Juan Pedro asista

a la emoción de la casa.
Una casa, una canción,
un himno en armónica,

Un caramelo, una hermanita
que se llama Luna. Un capitán
que se llame Leandro.

Clarisa puede ser el nombre
de la rosa.
Un hombre que entre y salga

por esa puerta
al que le digan papá.

Y una mamá. Ese no puede faltar.
Entonces, Juan Pedro
Será feliz.






La libertad es el esqueleto
con el que caminan los sueños.

























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